Vistas de página en total

miércoles, 25 de septiembre de 2013

Vence


No dejo de preguntarme cómo hacer de la experiencia personal algo útil a alguien que le eche un ojo, o a alguien que esté en esta misma situación…

Y me pongo a pensar… y no sé cómo meterle mano. Un blog, sí. Ese proyecto ya está en marcha, pero lo cierto, es que la gran mayoría de las veces, me apetece más escribir sobre los sentimientos que vivo como exiliada, que sobre aquello que de verdad pueda resultar útil a alguien.

No es la primera vez que estoy exiliada, ni por gusto. En 2011, justo al terminar la carrera, y en concreto, tres meses después de terminar un “pedazo de contrato de 6 días” como enfermera, también estuve en el extranjero… y eso sí que fue duro. Con 21 años, con toda tu familia, amigos y costumbres concentrados en un mismo lugar, te ves a más de 1000km de tu casa. Sin conocer a nada ni a nadie. Ni si quiera a ti mismo. Sin la posibilidad de expresarte porque por no tener, no tienes ni idea del idioma. (Os aseguro de que no hay mejor sensación que volver a tu País, ir a cualquier comercio, y pedir lo que necesites sin sentirte retrasado porque entiendes todo).

Si por mi fuese, estaría mucho más a gusto en mi pueblo, y más ahora que con esto del verano, está bastante animado. Con todas tus amigas, tus familiares, a los que cada vez pesan más los meses sin verlos, y saliendo de fiesta en fiesta para no pensar en la mierda de país en el que vivimos. La desesperanza que nos espera después del verano, o la de años que faltan para que esto empiece a enmendarse un algo. Un lugar tranquilo que no llega a los 5000 habitantes, donde todo el mundo te conoce, y  aunque la mayoría de las veces, a su manera, puede hacerse una idea de cómo puede ser tu vida. En cambio, aquí, no eres más que la enfermera española, que “pobrecita, con todo el empeño que le pone, qué trabajo cuesta entenderá con ese acento tan marcado” o “ay que ver lo complicada que tiene que ser su situación”.

No hay nada más difícil que un comienzo en el extranjero. Nadie sabe tu historia, y lo que puede ser peor, todo el mundo tiene su vida y eso puede hacer que nadie se interese por saberla. Aunque siempre está esa excepción. Esa persona que te alegra el día, o te devuelve ese estado de ánimo que se va a la mierda con la primera cagada lingüística de la jornada.

Está claro, que te haces fuerte. Me atrevería a decir, que demasiado fuerte.

Cómo me gustaría ver, a los hijos de esos que se hacen llamar políticos, en el extranjero. Pero no para ir a estudiar a Londres con todo pagado por el papi (o por nosotros, gracias a lo que nos han robado y siguen robando), si no tal y como estamos nosotros. Empezando de cero. Aprendiendo un idioma palo tras palo. Pasando vergüenza tras vergüenza, y recibiendo una humillación tras otra.

Hay quien no lo soporta, y se vuelve a su país. Hay quien a pesar de no soportarlo, saca fuerzas de donde jamás supo que las tenía y resiste, y cuando mira hacia atrás y ve todo lo que ha conseguido por ella misma, lo único que es capaz es de sentirse orgulloso, y a la vez, maldecir una y otra vez a los responsables por haber arrebatado la felicidad de sus vidas.

A todos nos gusta esta sensación de superación, pero siempre y cuando no sea forzada. Que cada uno abandone su país, cuando quiera hacerlo, y no porque se vea forzado por la incompetencia de los que siguen estando arriba.

A vosotros os dedico esta entrada, por sinvergüenzas, por incompetentes, por corruptos (espero que entendáis que ahora la palabra político también sea sinónimo de corrupto) y sobretodo, por inhumanos, porque estoy completamente segura, de que si tuvieseis una mínima conciencia del daño que estáis haciendo a toda y cada parte de la sociedad, lo único que seríais capaz de hacer sería dimitir.

Jamás olvidaremos el daño que estáis haciendo.

1 comentario: