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sábado, 22 de marzo de 2014

Un pequeño balance, después de estos dos meses :)

Cuando llegué a trabajar a este sitio, no podría estar más acojonada. Tenía un miedo increíble de volver a ser despedida por “no valer” para ese trabajo. Esa falta de autoestima, tiene sus orígenes allá por 2011, cuando me instalé por primera vez en Francia, sin saber ni una gotica de francés. Cuando fui allí por primera vez con la promesa de un contrato de trabajo en un hospital, alojamiento y ayuda para aprender francés. Ayuda que tuve que pagarme yo a 20 euros la hora de clase durante el primer mes para poder entrar en el hospital “solo para ver”. Y ese contrato, se convirtió en un periodo de prueba colmado de humillaciones, tanto por parte del personal, como por parte de la dirección. Aunque triste, cierto es que en esas situaciones es cuando más aprendes en la vida. El pasarlo mal es sinónimo de lección. De aprendizaje.

Para que os hagáis una idea, trabajo en un centro de rehabilitación respiratorio y cardíaco. Pacientes que después de su periodo hospitalario, vienen a este centro para seguir con su recuperación antes de volver a domicilio. Están aquí aproximadamente un mes, y en su estancia, son los programas de fisioterapia y actividades físicas los que ayudan en mayor parte a su recuperación. En resumen, los pacientes están de puta madre. Se desplazan solos, son coherentes, no son dependientes. Como mucho, alguna que otra secuela en la memoria por la anestesia que pasa a lo largo de los días. Pero lo que más me gusta, es que ves como llega mal, y se va bien! recuperado! además, el personal que trabaja, tiene una media de edad que no llega a los 30 años. Todos jovencísimos, superbién preparados, muy activos, y el ambiente que hay en el trabajo, es envidiable.
Cuando entré al establecimiento para hacer la entrevista de trabajo, me dije a mi misma, “por favor, tiene que ser aquí”. Y todo por las sensaciones que el establecimiento y personal me transmitían.

Y al final… efectivamente fue allí. Pasé el periodo de prueba, y tengo un contrato indefinido. Esto, en un establecimiento en el que hay una baja maternal y 10 enfermeros franceses se pegan tortas por echar curriculum, lo cual, es una barbaridad (en Francia, por supuesto).

A día de hoy, no me puedo creer como yo, con mi francés, puedo estar trabajando aquí. Y es entonces, cuando te das cuenta de todo lo que esa experiencia pasada te hizo aprender. Como has intentado no volver a repetir los mismos errores que en el pasado, y como descubres, que efectivamente, todo esfuerzo tiene su recompensa. Por su puesto, en Francia de nuevo.

Otra cosa que me llama la atención, es la siguiente. Cuando empecé a trabajar, con mi recién estrenado título del B2 de francés, me pensaba que el idioma… no era problema ninguno. Qué infeliz!!!

La primera vez que el laboratorio llamó por teléfono para informar al servicio del tipo de bacteria que había sido encontrado en el examen bacteriológico de un paciente, casi me da un yuyu al no endender ni mu.

Y eso no es lo peor. Lo peor, era en el momento del café. De la pequeña pausa. Donde todos tus compañeros hablaban saliéndose del contexto médico, y ahí es cuando verdaderamente me perdía.  Las bromas… si en español ya soy un poco lenta… en francés era (bueno, y sigo siéndolo) un auténtico desastre.

Hoy, casi 10 meses después, me doy cuenta de una cosa. Mi nivel de francés sigue mejorando. ¿La prueba? Antes, los cuchicheos, se producían delante de mí, sin problema. Ahora mis compañeras, cada vez bajan más la voz delante de mí. A menos volumen, mayor nivel. :D


Cada vez, estoy más contenta, más orgullosa y más feliz en este sitio. Y haciendo honor al título de este blog… esta enfermera, parece que cada vez tiene más vocación.


J ( No me he olvidado del periodismo por supuesto. Una cosa, no quita la otra, y el día que me decida dedicar a este por completo, será con más fuerzas y ganas que nunca. Mientras tanto, dejemos que estas sigan creciendo para que después el impulso sea mucho mayor para superar todas las adversidades de los comienzos.)

domingo, 5 de enero de 2014

El país en el que vivo

El país en el que vivo, es aquel en el que si no haces algo bien el trabajo, nadie tiene ningún inconveniente en mandarte un sms y decírtelo. De buscar tu número de teléfono cuando hasta la presente no han mostrado el más mínimo interés en saberlo, solo para recordarte una insignificancia que hace que no roces la perfección como profesional.

Es ese país, en el que tienen que pasar 6 meses para que una compañera de trabajo te ofrezca salir a tomar un café, o a degustar un exquisito y típico "repas".

Es ese país, en el que pierden los nervios en seguida si la gente no es el culmen de la educación, si esta se queja de su vida en exceso, o si no les muestras una deslumbrante y falsa sonrisa cada mañana acompañada de un "bonjouuuuuur".

Es ese país en el que te miran con recelo si haces algo de vida social, y es que en Francia, mucha "égalité, fraternité et liberté", pero a la hora de vivir de verdad, se pierden.

Francia es ese país, en el que todo el mundo está en plena actividad a las 7 de la mañana, y cuando digo todo el mundo, es todo el mundo. Y a su vez, es ese país en el que a las 7 de la tarde está todo tipo de comercio cerrado. (menos el Carrefour grande... y qué alivio... qué sería de mi y de mis siestas sin tí).

Donde bares y pubs mueren a las 1 o 2 de la madrugada, y donde las calles están desiertas a partir de las 9 de la noche.

Es ese país que hace que cuando te relaciones con la gente, lo hagas con auténticas ganas. El país que hace que te compres un cuaderno para apuntar tus errores en el trabajo y te lo repases todos los días una vez antes de ir a trabajar.

Es el país que te obliga a ser constante
A seguir sacando lo mejor de tí cada mañana
A seguir día tras día haciéndote fuerte.

Es un país, como cualquier otro, que nos está enseñando a tantos y tantos jóvenes españoles lo que es tener un trabajo, una dignidad, un futuro.

Es la oportunidad que nuestro País nos robó. Y con todo el dolor de nuestro corazón y después de lo poco que España, sus políticos y su sociedad da por nosotros, aún seguimos día a día, con la esperanza, de que más temprano que tarde, todo esto que nos ofrecen nuestros países de exilio, también podrá ofrecérnoslo de nuevo España.



viernes, 3 de enero de 2014

Que nadie pare tu valentía y jamás te detendrán

En estos últimos meses del 2013, la palabra emprendimiento, ha sido de la que más veces he hablado, he escuchado y he leído. También he podido ver la existencia cada vez más numerosa de programas de televisión en los que este se fomenta (así como también aumentan al mismo ritmo, los programas para fomentar la caridad), y sobretodo, he visto como gente, ha pensado que todos pueden ser empresarios y jefes de ellos mismos, algunos sin ninguna capacidad por su terquedad desde luego, pero esto ya entra dentro de mi  plano más personal.

No hace mucho, estuve hablando con una amiga, la cual se mostraba en total desacuerdo con esto. "¿Por qué voy a tener que ser yo emprendedora si no quiero serlo?"... desde luego, fue una frase que a mi también me hizo pensar mucho. 

No todo el mundo quiere serlo, es más, a la mayoría no le interesa lo más mínimo serlo.

No se hasta que punto es bueno que el gobierno se desentienda de la creación de puestos de trabajo y nos de a nosotros, los ciudadanos toda responsabilidad para que creemos pequeñas empresas y empecemos a crear puestos de trabajo nosotros mismos, para después, que ellos se lleven el mérito de lo que han sido incapaces de hacer. Todo esto anestesiándonos poco a poco con programas de televisión como de los que he hablado antes.
¿Acaso el gobierno y sus políticas de fomento del trabajo ayudan? ¿qué tipos de ayudas o incentivos dan para que esto que piden a gritos que hagamos, sea viable?  

Los pocos emprendedores que conozco, pueden tener contratadas a varias personas, pero con lo que ganan apenas tienen para mantener su negocio, y no para el beneficio propio. Personas con 25 años que por la poca ayuda recibida y por cada palo a las espaldas, suman perfectamente 50 años mentales.

Menudo panorama, para variar. Menuda manera de empezar este año nuevo... de nuevo pesismista. Qué gran razón en todo eso. Pero algo está cambiando poco a poco. Cuando la intención nace, las personas cambian, y uno de mis propósitos para este 2014, es ser mas optimista. Al fin y al cabo, no me va tan mal en la vida. Estoy trabajando en la Costa Azul de Francia, con el alojamiento pagado por el centro hospitalario desde hace ya más de medio año, tengo 4 trabajos que no me dejan tiempo de aburrirme y casi ni de echar de menos a todos aquellos que quiero, tengo un salario mensual que me permite ahorrar lo suficiente como para seguir luchando por aquello que quiero, y sobretodo, puedo permitirme viajar con la frecuencia que yo quiero porque si algo es bueno en el lugar en el que trabajo, es que son humanos. Lo que parecía una estancia de solo unos meses, se ha convertido en más de medio año ya, y sin un horizonte claro de fin.

Además, tengo más propósitos, desde luego no tan complicados como el de ser más optimista, por lo que doy por hecho que los realizaré de la manera que quiero.  De mejorar este blog. De escribir más. Mucho más. De leer. De comprarme una cámara. De realizar infinidad de cursos de formación. De mejorar el francés. Y de realizar un pequeño proyecto para llevar todo esto a cabo y seguir aprendiendo y formándome yo misma.

Para mí, para que un pequeño proyecto llegue a buen puerto, las personas implicadas deben confíar en los demás plenamente, sin que ninguno de ellos tenga por qué controlar todo y cada cosa que sus iguales hacen. Y sobretodo, lo más importante, ante todo, un proyecto en el que todos se consideran iguales. Nunca superiores. 

Para mi, una idea de proyecto innovador siempre va a basarse en esto. En la igualdad entre compañeros, que no tiene porqué derivar en cáos alguno si se cuenta con las ganas y profesionalidad de todos. Con ideas como estas, es como se sale de los "topicazos" de comunicación vertical en las empresas. Me pregunto, si un pequeño y humilde proyecto (porque todos los proyectos, guste más o menos, en sus comienzos siempre son humildes) que empieza basado en el protagonismo y en el querer controlar todo de una sola persona por encima de las demás, tendrá algún futuro. Seguro, no lo tendrá.

Me gustaría, por último, animar a todas aquellas personas a dar ese paso que no se atreven para cambiar sus vidas. Si no lo haces a los veintitantos, ¿Cuando lo harás? Sed valientes. Sed valientes por que de seguro valdrá la pena. 

Feliz 2014 a todos y cada uno de vosotros, y un besazo de una española cada vez más encariñada con la Costa Azul francesa.

Prometo muchos muchos cambios de aquí en adelante :)