Cuando llegué a
trabajar a este sitio, no podría estar más acojonada. Tenía un miedo increíble
de volver a ser despedida por “no valer” para ese trabajo. Esa falta de
autoestima, tiene sus orígenes allá por 2011, cuando me instalé por primera vez
en Francia, sin saber ni una gotica de francés. Cuando fui allí por primera vez
con la promesa de un contrato de trabajo en un hospital, alojamiento y ayuda
para aprender francés. Ayuda que tuve que pagarme yo a 20 euros la hora de
clase durante el primer mes para poder entrar en el hospital “solo para ver”. Y
ese contrato, se convirtió en un periodo de prueba colmado de humillaciones,
tanto por parte del personal, como por parte de la dirección. Aunque triste,
cierto es que en esas situaciones es cuando más aprendes en la vida. El pasarlo
mal es sinónimo de lección. De aprendizaje.
Para que os
hagáis una idea, trabajo en un centro de rehabilitación respiratorio y
cardíaco. Pacientes que después de su periodo hospitalario, vienen a este
centro para seguir con su recuperación antes de volver a domicilio. Están aquí
aproximadamente un mes, y en su estancia, son los programas de fisioterapia y
actividades físicas los que ayudan en mayor parte a su recuperación. En
resumen, los pacientes están de puta madre. Se desplazan solos, son coherentes, no son
dependientes. Como mucho, alguna que otra secuela en la memoria por la
anestesia que pasa a lo largo de los días. Pero lo que más me gusta, es que ves como llega mal, y se va bien! recuperado! además, el personal que trabaja, tiene una
media de edad que no llega a los 30 años. Todos jovencísimos, superbién
preparados, muy activos, y el ambiente que hay en el trabajo, es envidiable.
Cuando entré al establecimiento para hacer
la entrevista de trabajo, me dije a mi misma, “por favor, tiene que ser aquí”.
Y todo por las sensaciones que el establecimiento y personal me transmitían.
Y al final… efectivamente fue allí. Pasé
el periodo de prueba, y tengo un contrato indefinido. Esto, en un
establecimiento en el que hay una baja maternal y 10 enfermeros franceses se
pegan tortas por echar curriculum, lo cual, es una barbaridad (en Francia, por
supuesto).
A día de hoy, no me puedo creer como yo,
con mi francés, puedo estar trabajando aquí. Y es entonces, cuando te das
cuenta de todo lo que esa experiencia pasada te hizo aprender. Como has
intentado no volver a repetir los mismos errores que en el pasado, y como
descubres, que efectivamente, todo esfuerzo tiene su recompensa. Por su puesto,
en Francia de nuevo.
Otra cosa que me
llama la atención, es la siguiente. Cuando empecé a trabajar, con mi recién estrenado
título del B2 de francés, me pensaba que el idioma… no era problema ninguno.
Qué infeliz!!!
La primera vez que
el laboratorio llamó por teléfono para informar al servicio del tipo de
bacteria que había sido encontrado en el examen bacteriológico de un paciente,
casi me da un yuyu al no endender ni mu.
Y eso no es lo
peor. Lo peor, era en el momento del café. De la pequeña pausa. Donde todos tus
compañeros hablaban saliéndose del contexto médico, y ahí es cuando
verdaderamente me perdía. Las bromas… si
en español ya soy un poco lenta… en francés era (bueno, y sigo siéndolo) un auténtico desastre.
Hoy, casi 10 meses
después, me doy cuenta de una cosa. Mi nivel de francés sigue mejorando. ¿La
prueba? Antes, los cuchicheos, se producían delante de mí, sin problema. Ahora
mis compañeras, cada vez bajan más la voz delante de mí. A menos volumen, mayor
nivel. :D
Cada vez, estoy
más contenta, más orgullosa y más feliz en este sitio. Y haciendo honor al título
de este blog… esta enfermera, parece que cada vez tiene más vocación.
J ( No me
he olvidado del periodismo por supuesto. Una cosa, no quita la otra, y el día
que me decida dedicar a este por completo, será con más fuerzas y ganas que
nunca. Mientras tanto, dejemos que estas sigan creciendo para que después el
impulso sea mucho mayor para superar todas las adversidades de los comienzos.)